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Chasing the Mist/ Atravesando la neblina

By Posted in - Blog & Community & Ecuador & Travel on March 27th, 2012 Comments Blog 3

Blog March 6, 2012

Maia Horsager (Volunteer at Zuleta)

On a trail ride through the village the other day, Don Felipe, Don Rodrigo and I had some interesting weather following us around.  We were setting off on the community trail to discover more about the village routes and make our way up the mountainside to a beautiful hidden lake and a lookout spot above the valley. The rain settled in just as we started off so we donned our ponchos and took things nice and slow. We wound our way through the cobblestone streets with the clip-clop of the horses’ hooves muffled by the sound of rain and the slowly settling fog. As we climbed higher the rain began to slow, and the mist began to lift just a little over the top of the hill before it fell again to the other side. Above the houses, we followed a grassy trail up and around to a clearing where we tied the horses and continued on foot.  Just around the corner was a round, crater-shaped field of red, or what I thought was a field. Actually, it was the lake, covered in a thick layer of red algae, a beautiful contrast to the green foliage surrounding it.  The mist once again blew through the scene and brought a community horse along with it, curious about our activity and interested in following us, as if part of the mist itself.

A few steps to the right and we came to an overlook, which supposedly showed us the valley below.  As the clouds had completely settled below us we had to take Rodrigo’s word for it and marvel at the few patches of grass or trees we saw below on occasional intervals. The beauty of the area was apparent, though, with the feeling of being suspended above it all, looking down from the heavens above. El otro día fuimos a una cabalgata a través de la Comuna Zuleta con Don Felipe y Don Rodrigo. Durante todo el trayecto tuvimos nubes siguiéndonos. Fuimos para descubrir nuevos caminos y también para subir hacia un lago escondido encima de la montaña donde hay una vista hermoso sobre el valle. La lluvia empezaba a caer continuamente, entonces nos pusimos los ponchos y marchamos a paso tranquilo. Serpenteábamos dentro de las calles de adoquín con el sonido de los casco de los caballos amortiguados por el sonido de la lluvia y la neblina que caía lentamente. Mientras subíamos más y más alto, la lluvia iba poco a poco parando y la neblina empezaba a levantarse y caer al otro lado de la montaña. Una vez  encima de las casas, seguimos un sendero cubierto de hierba hacia un claro donde amarramos los caballos y continuábamos en pie.

A la vuelta de la esquina había un campo en forma de un cráter, que pensé que era una cancha de juego. De hecho era el lago, cubierto de un espeso capa de alga roja, que hacía un bello contraste con el follaje verde que le rodeaba.  La neblina una vez más caminaba a través del escenario, arriando a un caballo de la comunidad que vino a inspeccionarnos con curiosidad y seguirnos como parte de la neblina misma. Llegamos a un punto donde podría apreciarse una vista panorámica donde de valle abajo. Pero las nubes se habían asentado sobre el mismo, por lo que tuvimos que creer en la palabra de Rodrigo de que había algo allí, mientras podíamos ir descubriendo maravillados con los pocos árboles o casitas que aparecía de pronto entre las nubes. La verdadera belleza era el poder ver todo desde arriba, encima de todo, mirándolo como desde el cielo.

 

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